viernes, 22 de octubre de 2010

Ciro y Yo


En el momento en que nacemos, mientras la primera bocanada de aire inunda los pulmones, alguien al mismo tiempo, pulsa el botón del timer. ¿Cuándo se apagará la imagen?, ¿cuándo se transformarán los millones de colores en una sola raya titilante, luego en un punto blanco y finalmente en nada?; ese, es el único gran misterio de la existencia.


Llegué a esta conclusión el día de mi décimo cumpleaños. Me acuerdo muy bien porque para esa fecha, pero dos años antes, sucedió el hecho más importante de mi vida: mi mamá hizo instalar en mi cuarto un decodificador de DirectTV. A partir de ese día las ondas digitales comenzaron a invadir mi cerebro con imágenes increíbles.
Mi papá no estaba del todo de acuerdo, decía que la tele me iba a estupidizar, en cambio, opinaba que la mejor combinación en la niñez, era la de un niño y un cachorro. Creía firmemente en que el instinto del animal y la racionalidad del hombre se conjugarían, y ambos, perro y niño, crecerían adaptándose alegremente al mundo en que les tocaba vivir.
Y así fue como me compraron un perrito, y a pesar de que ellos siguieron debatiendo como debería ser mi educación, les aseguro, formamos el más espectacular trío de la Tierra con Ciro, mi schnauzer, mi Sanyo pantalla plana y yo.
La tele, como les decía, me mostraba cuestiones inimaginables, historias de héroes y villanos, animales en extinción y hasta operaciones estéticas en vivo. Pero más allá de las imágenes y los datos, me enseñó algo fundamental: todos los hechos tienen un inicio, un desarrollo, y un desenlace. No importa de que se trate, si de la vida misma o de un comercial, siempre ha sido y será así.
Mi schnauzer, por su lado, complementó este conocimiento con otro no menos profundo, y es que todo, absolutamente todo, tiene su propio olor.
Mientras jugaba con Ciro, de a poco fui notando que su Mundo se construía con olores. Esto era sencillo de observar, digamos que obvio para cualquiera que ha tenido un perro, sin embargo, había algo más profundo, que tardé en descubrir.
Y nunca lo hubiese hecho, si no fuese porque una tarde, mi perro, sin ninguna razón aparente, comenzó a ladrarle a un hombre que pasaba por la vereda, el hombre se detuvo asustado y regresó sobre sus pasos; entonces comprendí que Ciro había olido el miedo. Los perros pueden oler las emociones, pensé y ese pensamiento me inquietó.
Así que comencé a imitar a mi perro, donde él olfateaba yo también lo hacía. Y si que fue difícil hacerlo. Muchas veces debí completar la inspección sumándole el sentido del gusto; pasaba mi lengua y aspiraba al mismo tiempo, entonces se asociaban el sabor con el aroma, de ese modo me era más fácil.
Luego, a mis doce años, y ya con seis años de escuela primaria y dos de kinder sobre mis espaldas, llegué a una segunda conclusión vital: La escuela había sido creada para estandarizarme, para enrasarme con los demás y tal vez matar mis sueños.
Así que con estas dos simples premisas, la de saber que la duración de la vida no dependía de mi y la de que la escuela, si le daba chance, acabaría con mi imaginación, es que inventé un doble. Claro era yo mismo, pero tal como los demás querían que fuese, limpito, aplicado y peinadito. Y me fue muy útil, porque mi doble los dejaba conforme a todos, en tanto el verdadero podía gracias a esta pantomima, seguir con su aprendizaje, mamando ávidamente la programación de DirectTV, y aprendiendo a olfatear las emociones.
Han pasado dos años, apenas soy un adolescente y sin embargo sé que he aprendido de la vida más que cien hombres de cien años. Es cierto que aún no tengo en claro para que voy a utilizar todo este conocimiento, pero intuyo, para algo grandioso.
Por lo pronto, en los últimos días, he descubierto en mí unas nuevas sensaciones. Hay en mi clase una niña que increíblemente está acaparando mi atención, y es ella quien me provoca esta especie de extraña alegría. Es muy bonita, y en sus ojos que son verdes hay dos pequeñas nubecitas. Ayer le he lamido la mejilla y al tiempo he metido la nariz en su cabello mientras aspiraba muy profundo. La niña está muy triste, quiere ser bailarina, pero ya casi no lo recuerda. La voy a ayudar, pero debo apresurarme, si el tiempo sigue pasando, ella misma no se reconocerá. Porque saben, todos mis compañeros tienen dobles, como yo, aunque ellos creen ser uno solo. Pero yo que cada tanto los olfateo, sé que también son dos, aunque el de de verdad se les va desapareciendo muy rápidamente; y como he aprendido en las películas y en las series de DirecTV, luego pasarán la vida infructuosamente tratando de recordar lo que ahora saben: quienes eran y que querían.

10 comentarios:

  1. Interesante, como que a veces me he sentido así, llenó de conocimientos tan inútiles sin saber donde estoy parado...tal vez el que pulse el botón de mi timer, se compadezca y me lo dirá...Un buen texto, Julio. Un abrazo

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  2. Gracias Hector, los conocimientos, he ahí el problema. Nutrido por un lado por la tele donde los datos necesariamente son manipulados y por el otro por un canal directo, un instinto (el olfato), el personaje parece haber encontrado una forma diferente de procesar la realidad. ¿Que va a tener problemas? y sí, basta imaginar que la señorita de ojos verdes lo lleva a la casa y él se la pasa olfateando a toda la familia. Abrazo

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  3. Muy original la historia para establecer un planteo tan cotidiano...
    Cuántas veces nos preguntamos qué hago yo acá, en este lugar, con esta gente, cuando sentimos que realmente perenecemos a otro sitio...
    Todos necesitamos ese doble que cumpla, para poder nosotros vivir... y que no se nos olvide lo que olfateamos...
    La mayoría de las niñas soñamos alguna vez con ser bailarinas... pero luego lo olvidamos...
    Excelente...!!!
    Me gustó mucho....
    Lo voy a recomendar...
    Un beso

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  4. Muchas gracias Reina, sos muy generosa.Abrazo

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  5. Has captado mi atención Julio!! Es genial, la forma en que desarrollas y los conceptos que transmites! Me recordaste un poco a Michael Ende! El niño es un ser humano lúcido en cuanto a que está conciente de lo que le acontece, interior como exteriormente, y además cree que los demás deberían saber lo que él sabe y percibir lo que él percibe (la existencia de sus dobles)! La ecuación niño-perro-tele es fascinante por lo que se aprende de ello! Y además me sentí plenamente identificado con él! Felicidades! Me gustaría poner un link de esta historia en mi Facebook para que mis amigos lo lean, claro, sólo sí tú me lo permites! Fraternales abrazos!

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  6. Muchas gracias Señor Dáltanos, desde ya que me encanta la idea de que lo compartas y además lo tomo como un halago.
    Tengo la teoría de que todos hemos sido más inteligentes y perspicaces de niños. Pero durante el proceso de adaptación a las que nos someten para enrasarnos y adaptarnos a la sociedad perdemos gran parte de nuestra lucidez y originalidad. Una gran lima nos ha sido pasada por nuestras asperezas y aquello que nos diferenciaba nos fue sutilmente quitado en nombre de la belleza regular. Pero queda un lugar donde subsisten las “fealdades”, donde nuestros granos no deben ser disimulados y en el cual se ha visto surgir una flor hermosa, plena de colores originales, de la mugre pestilente de un forúnculo. Un sitio que hemos usurpado, pero como tenaces okupas defendemos con nuestras vidas. Y lo hacemos sabiendo que es el último sitio que nos queda en este mundo donde podemos ser quienes somos. Ese sitio Señor Dáltanos es “el Arte”.
    Y no tengo pudor en decir que hemos invadido ese espacio, ¿o acaso no es el sitio done nos estamos encontrando? Señor Dáltanos nada es perfecto y menos aún este edificio en ruinas con sus paredes descascaradas, pero aunque provisoriamente, como ocupante ilegales que somos, por ahora es nuestro. Y eso no es poco. Un abrazo

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  7. Un poema, maestro. Me recordó vívidamente aquella época en que tenía quince años y lo sabía todo. De vez en cuando festejo recordar algo de aquella sabiduría.

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  8. Gracias Carlos por el comentario. Dicen que la única y verdadera pérdida ocurre cuando al mirarte en el espejo no podes reconocer al joven que fuiste. El poder de la metamorfosis es tal, que siquiera se es conciente del olvido. Hay también quienes no lo han olvidado, sino que no se animan a mirar a ese niño lleno de ilusiones, para el que no existían los límites y la muerte ante su paso cruzaba siempre de vereda. Un abrazo

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  9. El autor utiliza un enfoque muy creativo para presentar un dilema crítico de nuestra sociedad...el condicionamiento de las personas, a través de los padres, escuela, instituciones, religión, y medios de comunicación, y la lucha interna de los individuos en búsqueda de su libertad espiritual...

    En esta narrativa, Genissel nos cuenta su lucha personal: “.... querían que fuese, limpito, aplicado y peinadito”, “La escuela había sido creada para estandarizarme, para enrasarme con los demás y tal vez matar mis sueños”, "Los perros pueden oler las emociones, pensé y ese pensamiento me inquietó”, “..saber que la duración de la vida no dependía de mi y la de que la escuela, si le daba chance, acabaría con mi imaginación”.

    El autor no nos cuenta el desenlace, sabiendo que cada persona debe encontrar su camino, y nos deja a todos nosotros/los dobles, solos con nuestro dilema existencial.

    Solos, pero con la noción de que no nos queda mucho tiempo en nuestra búsqueda...Solos, pero con la advertencia de que, aunque comprendamos pero no actuemos, perderemos la batalla...”luego pasarán la vida infructuosamente tratando de recordar lo que ahora saben: quienes eran y que querían”.

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  10. Gracias Doctor.Szyfres por su comentario. Es raro y a la vez interesante ver un relato así analizado. El cuento tal vez parezca ser admonitorio, pero no fue esa la intención. El niño es una excusa para meternos un poco dentro de la construcción de los deseos. El debate tiene muchas aristas: lo que queremos, ¿es nuestro propio deseo, o somos nosotros el instrumento del deseo de alguien? - ¿Por qué no aceptarnos como instrumento, si el deseo de ese alguien ahora es propio? - ¿Acaso no se deben perder los deseos de adolescencia para construir los deseos del adulto? - ¿Acaso cumplir el deseo formulado en la juventud, no ha sido una excusa para no crecer? En fin, su análisis me dispara hacia muchos sitios y no tengo respuestas. Gracias nuevamente por tan buena disección del relato. Un abrazo.

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